Albert Lester Lehninger
junio 12, 2024
Luis Federico Leloir nació en París el 6 de setiembre de 1906, se interesó por la naturaleza, a la que tenía fácil acceso ya que su familia poseía grandes extensiones de campo y se dedicaba a actividades agropecuarias.
Terminados los estudios primarios y secundarios se inscribió en la Universidad de Buenos Aires, graduándose en Medicina en 1932. Conociendo bien los trabajos del profesor de Fisiología Bernardo Houssay, resolvió incorporarse al instituto que éste dirigía y que funcionaba en el viejo edificio de la Facultad de Medicina.
Así, Leloir comenzó a trabajar en el Instituto de Fisiología para realizar su tesis de doctorado, que a propuesta de Houssay trató sobre las glándulas suprarrenales en el metabolismo de los hidratos de carbono y que resultó ganadora del Premio de la Facultad de Medicina de Buenos Aires en 1934. fundó un instituto de investigación especializado en bioquímica que Leloir dirigiría desde su creación en 1947 y por 40 años. Este organismo empezó a funcionar en una pequeña casa de cuatro habitaciones separada sólo por una pared medianera del Instituto de Biología y Medicina Experimental. Poco tiempo después la sede del instituto se trasladó a un edificio mejor, naciendo así el Instituto de Investigaciones Bioquímicas, Fundación Campomar.
Con la puesta en marcha de este Instituto se inició el capítulo más importante de la obra científica del doctor Leloir, que culminaría con la obtención del Premio Nóbel de Química en 1970.
Entre 1962 y 1965 fue jefe del departamento de química biológica de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, y en los años siguientes formó parte del directorio del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). En 1984 al Dr. Leloir se lo nombra ciudadano ilustre de la Ciudad de Buenos Aires Desde 1985 hasta su muerte fue miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires.
Hoy, a más de un siglo de su nacimiento, sus logros y valores éticos siguen siendo un ejemplo para el mundo, y un orgullo no solo para distintas generaciones de químicos e investigadores de todas las disciplinas científicas del país, sino para todos los argentinos.